Tu plan es destruirme despacio.
Fingir que me amas. Demorarte en las caricias hasta enrojecer la piel.
Me darás besos repletos de virus y bacterias que burlen mis defensas y colapsen mis órganos.
Me harás regalos con enchufes y bordes y filos y aristas y piezas pequeñas y tóxicas.
Un plan de inadvertidas casualidades en el que nadie podrá encontrarte culpable.Tal vez crees que no me doy cuenta. Que no finjo también cuando te amo. Que no voy a destruirte despacio.
viernes 11 de diciembre de 2009
Enamoramiento.
martes 8 de diciembre de 2009
Viernes noche.
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Pensar que un imbécil pobre y mustio, con vulgares obras de Broadway bajo la manga, está orinando sobre la mujer que amo.
Henry Miller.
sábado 5 de diciembre de 2009
Celebración.
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Nosotros la llamábamos la Transi. Se iba con cualquiera que la invitara a un par de tragos. La veías del brazo de los militares que alborotaban las mesas. O pidiendo fuego al tecnócrata que fingía distraerse junto a la barra. O chorreando tinto proletario entre los subversivos que disimulaban al fondo, disfrazados con pelucas de colores imposibles.
Nosotros la llamábamos la Transi. Se tumbaba encima de la mesa y hacía girar las piernas en el aire, perdiendo a veces un zapato y enseñando mucha braga. La aplaudíamos y la jaleábamos. Seguíamos la trayectoria del zapato y tratábamos atraparlo en el aire, menos por caballerosidad que a la espera de una jugosa recompensa.
Nosotros la llamábamos la Transi. La asesinó de un tiro un teniente coronel. Malas lenguas dicen que por orden del Rey; el teniente coronel asegura que sólo pretendía agujerear el techo.
Quién sabe.
No era una mujer perfecta. No era ni siquiera una buena mujer. Pero nosotros la llamábamos la Transi. En noches como la de hoy seguimos brindando por ella.
lunes 30 de noviembre de 2009
Soñador soñado.
Un día en que, maravillado por cierto movimiento rítmico y dolorido en lo que acababa de escribir, me acordé de Chautebriand, no pasó mucho tiempo sin que me diera cuenta de que yo no era vizconde, ni siquiera bretón. Otra vez que creí sentir, en el sentido de lo que había dicho, cierta semejanza con Rousseau, no pasó tampoco mucho tiempo sin que tuviera que aceptar que no habiendo tenido el privilegio de ser noble y señor de un castillo, tampoco lo había tenido de ser suizo y vagabundo.
Fernando Pessoa.
jueves 26 de noviembre de 2009
jueves 19 de noviembre de 2009
Convalecencia.
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No sé si el daño es irreparable. Trato de juntar las piezas y nunca lo consigo.
Los médicos dicen tranquilo y dicen paciencia, pero en sus ojos percibo que no lo voy a lograr. Cuchichean con mis familiares en los pasillos. Se encogen de hombros tras cada explicación.
Ya debería haber salido. Debería encajar el sol en su cielo y la luna en su molde. Debería encontrar las palabras para preguntar qué sucede, y cómo es que no recuerdo nada de mi vida anterior.
Saber si es más grave que no querer recordarlo.
viernes 13 de noviembre de 2009
Descarnación.
Don Sebastián sopla a través del cigarro y se va desvaneciendo con el humo. Primero los zapatos y después las pantorrillas, los muslos, los instrumentos que le han hecho mantenerse, muy a su pesar, sobre la faz de la tierra.
La desaparición de la entrepierna le causa gran alivio. Sin duda la mayor parte de sus sinsabores y conflictos podrían localizarse en ese punto. Pero cuando va a dar el soplido que borrará su estómago, le asalta la duda. Acaba de comerse una ensaimada. Y no una cualquiera: una con relleno mixto de crema y nata montada, y virutas de chocolate bañando la superficie de su deriva continental.
Sería una injusticia no permitir disfrutar al estómago de lo que el paladar tanto había gustado. Y en este tira y afloja mental se consume el cigarro.
Don Sebastián vuelve a quedarse a medias.
Lo único que ha sabido hacer bien toda su vida.




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